FIESTA
DEL DESAMPARO O ADVERTENCIA DE UNA REALIDAD
José López Coronado
En tanto que el relato es una historia sin
tensión, que prioriza la descripción antes que la narración de hechos y
circunstancias, el cuento sí desarrolla una historia que debe priorizar la
narración de acciones y cuyo tiempo, escenario y personajes están dinamizados
por un conflicto, al cual debe estar invitado el lector para su resolución.
Fiesta del desamparo es un conjunto de diez narraciones en las que Ubil
Bustamante Rafael no solo nos cuenta diez historias diferentes sino que nos
compromete en ellas, o porque somos parte de esta realidad concreta, o porque
nos quiere involucrar en la solución de su problemática. Además de docente,
Bustamante Rafael es poeta y narrador chotano (nacido en el distrito de
Chalamarca), lo cual evidencia que es un joven escritor y, no obstante su
juventud, ha publicado el poemario Crisol eterno el año 1999, vocación creativa
que confirma con la publicación de este su segundo libro.
El título, Fiesta del desamparo, es aparentemente
paradójico, porque el desamparo no supone fiesta alguna. Luchando con el
lenguaje su autor, sin embargo, persuade con desequilibrio cognitivo a una
inmediata lectura. Sutilmente propone que hagamos nuestra su preocupación
personal: recordar el desastre, cercano a su lar nativo, que viene ocurriendo desde 1999 en La Púcara,
Tacabamba, cuando un estallido natural produjo un aluvión que sumió a los
habitantes del lugar en el desamparo imprevisto. Allí el pulpo de corrupción
lanzó sus tentáculos: muchos se enriquecieron a costa de la desgracia ajena, ya
que el apoyo que debió ser para los necesitados se perdió bajo la manga de los
insensibles.
Las diez historias acá narradas son reflejo
ineludible de la realidad, de la realidad cercana al escritor. No en vano Juan
Carlos Onetti aconsejaba: “No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta.
Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo”. Los títulos de cada una de
las historias son ex profesamente explicativos y se pueden argumentar así: Un
segundo de mala espina, cuenta la primera experiencia laboral de un niño
campesino que cumple con su tarea para sentirse con derecho a jornal; Fiesta
del desamparo, muestra a una víctima del desastre que deambula perdido en las profundidades
de su quebrantada humanidad; Sucedió lo inevitable, presenta los estragos de un
accidente de tránsito en las carreteras abismales de nuestra región; Muralla dura
para el forastero, delata el homicidio de un alcalde distrital que lleva al
culpable hacia prisión, pero que después regresa al hogar; Historia de
viajeros, refiere la aparición de una persona en un lugar diferente al de donde
acaba de morir; Condenados los dos, expone los intríngulis de una historia de
amor que, mal llevado, acaba en una frívola pensión alimenticia; El invierno
nos jugó una mala pasada, nuevamente el tema del desastre y el rescate de la
victimas deja al descubierto las diversas intenciones y actitudes (in)humanas;
Un día después de mi muerte, propone un viaje a las galaxias vecinas como una
forma de congelar o detener el tiempo terrenal; Locura de amor, evidencia que
en asuntos de amor no hay código, razón o moral que impida amar o también odiar
sin escrúpulo; y El desaparecido, registra una anécdota que debe ser explicada
por la parapsicología.
Con la estrategia del narrador testigo y
protagonista de muchas de las historias de este libro, Ubil Bustamante Rafael,
sabe ejercer su oficio de narrador. Por la estructura lineal de sus argumentos
narrados con conocimiento y uso de las técnicas del cuento moderno, su lenguaje
fluido discurre como un río limpio que en cualquier tramo se puede beber. La
Fiesta del desamparo, es, en ese contexto, una advertencia oportuna ante una
realidad que nos rodea o es lo mismo como cuando los cajamarquinos queremos (o
quisimos) prevenir: ¡Conga no va!